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Fuad Gaši nació en Bosnia-Herzegovina y, debido a la guerra, tuvo que exiliarse de su país en los 90. A su vuelta, ya como profesor de genética y mejora vegetal, pudo observar que la devastación era palpable: no solo eran los edificios y las grandes ciudades, también los cultivos que sirvieron de sustento a varias generaciones. Gaši tenía que hacer algo. Así que junto con su profesor fundó el Banco de Genes de Sarajevo. De forma paralela, se creaba la Bóveda Global de Semillas , en el archipiélago noruego de Svalbard, un ‘búnker’ para preservar bajo el hielo la diversidad agrícola del mundo y salvar del hambre a la humanidad. Hoy en día hay 1,4 millones de muestras de países tan dispares –y enfrentados– como EE.UU., China, Rusia, Ucrania, Corea del Norte. España también ha enviado allí muestras y, de hecho, ha reconocido este año a la organización con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional . Durante años, Gaši soñó con poder enviar allí las semillas de su país. Lo consiguió. Y ahora, desde junio, es además el coordinador de la instalación. En su nuevo puesto, trata de concienciar sobre la pérdida de biodiversidad agrícola y de conseguir recursos para que más instituciones puedan conservar sus semillas. Una labor que ahora llevará también hasta Valencia, donde será uno de los participantes del ftalks Food Summit , que se celebrará el 16 de septiembre de la mano de KM ZERO Food Innovation Hub, un encuentro que reúne a personas e iniciativas que trabajan para transformar el sistema alimentario hacia modelos más saludables y sostenibles. —El edificio de Svalbard se le llama también la ‘Bóveda del Juicio Final’. ¿Se siente algo ‘apocalíptico’ al entrar?—Hace frío y por dentro es enorme. Las paredes son blancas y el techo es muy alto. El espacio que hay antes de las cámaras donde se conservan las semillas se llama «catedral», y tiene algo de espiritual. A veces olvidas un poco que estás a varios cientos de metros bajo una montaña, muy cerca del Polo Norte. Pero de repente te das cuenta de que a tu alrededor hay 1,4 millones de muestras de semillas que se han desarrollado desde los albores de la agricultura. Es toda la historia de la humanidad en términos de alimentación y agricultura. Detrás hay generaciones de personas que han ido seleccionando, mejorando y plantando hasta llegar a este punto actual. Es un momento de retrospección.—¿Y cuál es la semilla más especial para usted?—No debería tener favoritas, es como elegir entre tus hijos. Pero confieso que una de las primeras cosas que hice cuando entré en la bóveda fue caminar hasta la estantería que contiene la caja con las semillas que regeneramos y enviamos desde el banco de genes de Sarajevo. Para mí, ese fue el viaje más largo de toda mi vida profesional: desde el momento de recopilar el material y conseguir financiación para crear un banco de genes hasta poder finalmente enviar esas semillas. Así que, para mí, esas son las más especiales.En la imagen principal, un técnico lleva semillas hasta la puerta del búnker; en la segunda, otro trabajador portando semillas en el interior de la bóveda; en la última, la bóveda retratada junto a una aurora boreal, un fenómeno usual en la zona. NordGen—¿Cómo influye en su trabajo haber vivido la guerra de Sarajevo?—Lo entiendo a través de la pérdida. Después de la guerra empezamos este proyecto y recibimos ayuda internacional. También tuvimos que buscar otras fuentes de financiación. Y después tuvimos que evaluar qué quedaba, porque si la gente es desplazada o muere, también se pierden los cultivos. Saber que algo así puede ocurrir y que puedes experimentar una pérdida de ese tamaño… Ahora estoy hablando de biodiversidad y no, por supuesto, de la pérdida humana, que también es, evidentemente, muy importante. Por eso es importante empezar previamente a recopilar y conservar ese material. —¿Cuánto tiempo pueden sobrevivir las semillas?—Depende del cultivo: algunas especies pueden conservarse allí literalmente durante siglos; otras, solo durante un par de años. Cuando las semillas muestran que sus tasas de germinación han disminuido, los bancos de genes las reemplazan. Precisamente por eso tenemos los ‘experimentos de 100 años’. Cada cinco o diez años, dependiendo de la colección, alguien debe sacar una muestra y enviarla a laboratorios para comprobar qué tal germina. Recopilamos esos datos y los publicamos. No es algo que depositas una vez y después olvidas: existe una colaboración constante con todos estos bancos de genes de todo el mundo.«Somos políticamente neutrales. Todo el mundo es bienvenido a depositar semillas y tratamos absolutamente a todos por igual» Fuad Gaši Coordinador de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard—En la bóveda trabajan con países que incluso están enfrentados entre sí. ¿Cómo mantienen esta cooperación?—Los países entran en conflicto y, por supuesto, son situaciones terribles. No puedes ignorar el sufrimiento humano. Pero también tienes que mantener la mirada en el conjunto. Y el conjunto aquí es la humanidad. Las alianzas cambian, y por eso nuestro foco no está en las situaciones y conflictos actuales. Somos políticamente neutrales. Todo el mundo es bienvenido a depositar semillas y tratamos absolutamente a todos por igual.—El cambio climático es otro desafío. ¿Pone en riesgo la bóveda?—Cuando diseñaron la bóveda, lo hicieron pensando no en un «para siempre», pero sí para cientos de años. Por ejemplo, situaron la entrada por encima del nivel del agua, incluso en el caso de que se derritieran los casquetes polares. Cuando hubo que reconstruir parte de la bóveda porque entró un poco de agua, esta se congeló inmediatamente, así que no hubo peligro. Aunque la bóveda no sufra sus efectos directos, nuestros colaboradores están repartidos por todo el planeta. Son ellos quienes mantienen estas colecciones, recolectan las semillas y nos las envían. Y ellos sí están afectados, especialmente en el sur global o en lugares donde no hay suficientes fondos.«En todas partes estamos experimentando una pérdida de biodiversidad. Los bancos de genes tienen que recopilar todo lo que puedan y enviarlo a la bóveda, porque si somos lentos, podemos perder aún más» Fuad Gaši Coordinador de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard—¿Cuál es ahora mismo el mayor reto?—En todas partes estamos experimentando una pérdida de biodiversidad. Así que sentimos que corremos a contrarreloj. Los bancos de genes tienen que recopilar todo lo que puedan y enviarlo a la bóveda, porque si somos lentos, podemos perder aún más. Aunque nuestra misión sea proporcionar una copia de seguridad de los cultivos, nuestro trabajo es más amplio. Esperamos que, a pesar de todos los conflictos que hay actualmente en el mundo, podamos mantener la cooperación internacional con nuestros socios. La bóveda funciona, básicamente, gracias a la pasión de las personas que trabajan con recursos genéticos vegetales.—¿Cómo imagina la bóveda dentro de 50 o 100 años?—Es imposible saberlo. Pero creo que, aunque tengamos que adaptarnos a los tiempos, me gustaría que conservara esa sensación de permanencia. Que dentro de 50 años alguien camine hasta allí y vea el mismo edificio de hormigón. Quizá las estanterías hayan sido sustituidas. Pero que exista una sensación de continuidad. Pensar: «Hace 50 años había un par de personas trabajando en esto y yo soy la continuación de aquel trabajo». Porque así es como me siento respecto a mis predecesores.

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